¿Cómo hacemos el tratamiento del prolapso genital?. ¿Se puede prevenir? ¿Existen medidas para evitar tener que operarme? ¿En qué casos es mejor operar?
En el artículo de hoy, sobre el tratamiento del prolapso, te responderé a éstas y otras preguntas que frecuentemente te haces. Piensa que el prolapso afecta a una de cada diez mujeres, pero formas leves de descenso de genitales y sistema urinario se pueden observar hasta en el 25% de las mujeres de cierta edad y con varios partos. El prolapso se opera, pero antes existen una serie de medidas que pueden, incluso, evitar que pases por el quirófano.
El tratamiento dependerá de tres factores principales:
- Grado de prolapso o gravedad del problema
- Edad de la paciente y su calidad de vida
- Del órgano o compartimento afectado.
Antes de seguir adelante, conviene que revises el artículo sobre el prolapso genital, donde te explico los grados y los tipos de prolapso genital.
Antes del tratamiento del prolapso, ¿se puede prevenir?
Lo ideal siempre en medicina y en salud es evitar los problemas. La prevención supone evitar los factores de riesgo.
Mi recomendación es cambiar tus hábitos de vida, evitando aumentos de la presión abdominal. Te comento alguno de los factores predisponentes que puedes modificar:
Embarazo: a mayor número de embarazos o con fetos de mayor peso, aumentan las posibilidades. Me dirás que quieres tener hijos y que no se puede hacer nada. Sí, se puede llevar un embarazo de múltiples maneras. Si eres (o vas a ser una embarazada) sedentaria, que hace un escaso ejercicio, aumentas un peso excesivo (mayor de un kg/mes), no controlas tus niveles de azúcar en sangre, tienes diabetes gestacional, o partos con fetos de más de 4 kg, etc, tus riesgos de prolapso genital aumentarán con el paso de los años.
Parto: El parto vaginal, sobre todo si es instrumental o más traumático, también predispone al prolapso. En casos de sufrimiento fetal en el momento del expulsivo, nos vemos obligados terminar el parto de forma instrumental. En este caso no podemos hacer nada. Pero si cuidas tu embarazo evitando aumentar de peso en exceso, el tamaño del bebé será menor y el riesgo de tener que ayudarte y hacer un parto instrumental también será menor.
Obesidad: cuanto mayor peso y volumen de tu cuerpo soporten los genitales, más fácil es que los tejidos cedan y desciendan o se salgan a través de la vagina. Bajar de peso aumenta la cantidad y calidad de los años que vamos cumpliendo.
Estreñimiento crónico. Los esfuerzos de presión abdominal se transmiten hacia los genitales y favorecen el prolapso. Para ello toma una dieta con abundantes líquidos y, sobre todo, fibra.
Menopausia o la falta de hormonas femeninas hace que los tejidos pierdan sus propiedades elásticas y terminen cediendo. Es aconsejable usar cremas suaves de estrógenos locales, dos o tres veces por semana.
Actividad física intensa, con levantamiento de pesos excesivos, deportes con saltos, etc. Evítalos.
Enfermedades respiratorias, asma, etc.
Obviamente existen otros factores predisponentes, como la raza o la predisposición genética, pero no se pueden cambiar.
¿Cómo evitar el tratamiento del prolapso?
En los prolapsos, podemos decidir entre hacer:
- tratamiento conservador o médico
- tratamiento quirúrgico
En los casos leves que no afectan a tu calidad de vida ni producen síntomas, cuando esté contraindicada la cirugía por otros motivos médicos o simplemente por tu propia decisión, podemos hacer tratamiento conservador :
- Eliminando o reduciendo los factores de riesgo anteriores
- Cambiando nuestros hábitos de vida.
- Administrando cremas hormonales con estrógenos locales.
- Haciendo ejercicios de Kegel para fortalecer el suelo pélvico. Ya vistos en otro artículo.
- Colocación de un pesario: es un anillo de silicona, de diferentes tamaños, que se introduce en la vagina para sujetar los órganos y evitar que se «descuelguen». Es la opción utilizada en casos de contraindicación de la cirugía o en pacientes muy ancianas.
¿Cuándo optar por la cirugía como tratamiento del prolapso?
La decisión debes tomarla tú como paciente, en función del grado de las molestias y afectación de tu calidad de vida. Si los síntomas interfieren en tu vida diaria, y las medidas anteriores no mejoran ni evitan el progresivo descenso de los órganos genitales, la opción es el quirófano.
Pero hay más consideraciones a tener en cuenta:
- ¿Es mejor operarse joven o más mayor? Depende. Si te operamos muy joven puede que, con el paso de los años, requieras una nueva operación. En este caso, el cambio de hábitos y el evitar los factores predisponentes es fundamental. Debo insistir mil veces.
- Por el contrario, si lo demoras demasiado puede que los problemas médicos, que se van acumulando con los años, lleguen a contraindicar la cirugía por un riesgo mayor.
- Si eres joven y no tienes aún los hijos que deseas tener en tu vida, lo primero es completar la familia antes de operarte.
- Por supuesto, la cirugía y la anestesia tienen sus riesgos.
- Los resultados no siempre son los esperados, ni la cirugía del prolapso es capaz de corregir todos los síntomas (sobre todo los de orina). Por ejemplo, si tienes urgencia miccional, no se corrige con la cirugía.
- La cirugía del prolapso no siempre es definitiva. Ten en cuenta que el tejido de la vagina y sus ligamentos también envejecen con los años, y pierden su elasticidad y ceden. Por tanto, es relativamente frecuente volver a tener cierto grado de prolapso con el paso de los años y que recidive el problema.
- La cirugía tiene efectos secundarios en algunas pacientes, como es el caso de las molestias con las relaciones sexuales postcirugía.
- Generalmente, los beneficios tienen que superar a los riesgos. Te debes operar si los síntomas son importantes y el prolapso es de II o III grado. Si el descenso es mínimo (grado I), la recomendación es hacer los ejercicios y evitar los factores predisponentes, ya comentados.
¿Existen varias técnicas quirúrgicas de tratamiento del prolapso?
Los métodos a emplear son dos, en función del objetivo que persigamos:
Reconstructivos:
Consiste en reparar el compartimento prolapsado (anterior: vejiga/medio: útero/posterior: intestino). En algunas ocasiones requieren la extracción del útero o el empleo de mallas.
Colpoplastia anterior: Consiste en reparar el compartimento anterior, es decir, subir la vejiga y volver a colocarla en su sitio. A veces se utilizan mallas para tal fin. En caso de tener asociados síntomas de incontinencia urinaria, también se puede corregir.
Histerectomía vaginal: consiste en la extirpación del útero descendido y asomando por la entrada de la vagina. En la mayoría de los casos se asocia a la técnica anterior (colpoplastia anterior), pues es frecuente que la vejiga y el útero se prolapsen (se descuelguen) juntos.
Extirpación del cuello del útero (operación de Manchester): en algunas ocasiones, el cuello del útero está muy elongado y asoma por la entrada de la vagina (introito). En estos casos, hacemos la operación de Manchester asociada o no a una colpoplastia anterior.
Colposacropexia: En algunos casos, en pacientes ya histerectomizadas (extirpación del útero) años antes, nos encontramos que es la vagina la que desciende y se «da la vuelta como un calcetín», asomando por la entrada de la vagina. Tenemos esta opción que se realiza por laparoscopia, habitualmente. Consiste en fijar la vagina a los ligamentos de la cara anterior de la columna.
Operación de Richter: Se emplea para el mismo caso anterior, pero por vía vaginal. A veces se asocia a la colocación de mallas para poder dar más consistencia a la vagina, ya muy deteriorada.
Colporrafia posterior: consiste en la reparación del compartimento posterior (por recto/enterocele). Volver a colocar el recto en su sitio (pared posterior de la vagina). Como en el caso de la colporrafía anterior, a veces se emplean mallas.
Obliterativos:
Son técnicas muy sencillas, que buscan solo el cierre de la vagina. El problema es que no permite tener relaciones sexuales. Por tanto, se usan en contadas ocasiones y en mujeres muy ancianas.
Para terminar, te comento que la gran mayoría de las mujeres con cierto prolapso no requieren cirugía y mejoran simplemente con las recomendaciones anteriores.
Siempre es mejor prevenir y llevar una vida sana.
Piensa que la cirugía vaginal no consigue óptimos resultados en todas las pacientes y el problema puede recidivar u ocasionarte molestias con las relaciones sexuales.
Por tanto, la decisión de operarse debe ser meditada y tomada solo en caso de que el problema afecte a tu calidad de vida.
La elección de una técnica u otra, y el mejor momento para hacerlo, debes tomarlos con la ayuda y consejo de tu ginecólogo.
